The big snit de Richard Condie animaciones de humor



Del humor y los humores

El término humor se originó en el Renacimiento, entre los finales del 1400 y comienzos del 1500. El término pertenecía a la fisiología y a la psicología, y significaba “Fluido”. Los fluidos a los que hacía referencia eran los humanos y se destacaban cuatro: la sangre, la flema, la bilis y el “humor negro”. Estos cuatro fluidos determinaban, a su vez, tipos psicológicos o temperamentos: los sanguíneos, los flemáticos, los coléricos (dependientes de la bilis) y los melancólicos (dependientes del humor negro)
Autores como Ben Jonson o Shakespeare han dedicado alguna de sus obras a la personificación de estos tipos psicológicos o temperamentos.
Otros autores señalan que el tipo de humor determina también aspectos fisiológicos y morfológicos. A saber, el sanguineo es alguien por lo general robusto, bajito, musculado y psicológicamente es irreflexivo, sociable y poco persistente. Es una persona cálida, vivaz, alegre, y con todas las virtudes que pueden suponérsele a alguien que está vivo. Un personaje sanguineo podría ser Sancho Panza, el compañero del Quijote.
El colérico es ardiente, ágil, activo, práctico y de voluntad fuerte que se tiene por autosuficiente y muy independiente. Tiende a ser decidido y lleno de opciones, y le resulta fácil tomar decisiones por su cuenta, y por cuenta de otros también. El colérico es mucho mas intenso que el sanguineo.
El melancólico es un tipo analítico, talentoso, perfeccionista, abnegado, y de naturaleza emocional muy sensible. Nadie disfruta más del arte que el melancólico. También tiende a ser introvertido.
El flemático es un individuo tranquilo, sereno, que no se alarma nunca y pocas veces se enoja. Para él la vida es sin emoción y evita comprometerse todo lo posible. Es tan tranquilo y sereno que parece no agitarse nunca, cualesquiera que sean las circunstancias que lo rodean.

Quizá todo lo que sepamos de humor dependa de estos tipos psicológicos, en su estado puro. No dejan de resultar humorísticos estos tipos: Los sanguíneos (el irreflexivo Curly de los “Tres Chiflados”), los flemáticos (en general ingleses o personajes que toleran, por ejemplo, el engaño de sus esposas y amigos), los coléricos (generalmente dictadores como Moe de los “Tres Chiflados” o cualquier caricatura de Adolf Hitler) y los melancólicos (el caso típico del perdedor o el suicida, siempre propenso al humor reflexivo).
En “The Big Snit”, la animación que nos disponemos a ver, el personaje principal pertenece al grupo de los coléricos y allí reside en gran medida el humor de Condie. Quien vea sus animaciones se encontrará con personajes dispuestos al ataque nervioso, al grito desaforado y a la irreflexión. Resulta genial que lo irreflexivo del personaje se vea en su impulso hacia el serruchar, algo que nos recuerda a ciertas prácticas solitarias, adolescentes (en la mayoría de los casos) y que, en el saber popular, producen la idiotez.
Pero la idea no es explicar esta animación de humor, porque no hay nada peor que explicar un chiste. La idea es explicar el porqué del efecto cómico.
Entonces, volviendo al tema y dejando al animador y cómico Richard Condie de lado, lo que nos suscitan estos tipos psicológicos, es decir el efecto cómico, en estado puro, seguramente, se deba a su pureza. No deja de causar gracia la rigidez del personaje, lo repetido y previsible. Y de ahí su estado de pureza. La brutalidad es, de algún modo, signo de pureza (Un diamante en bruto) y, muchas veces, ocasiona la gracia. Pensemos en la cantidad de chistes que tienen por objeto a seres “brutales” o “en estado bruto”, como es el caso de los chistes contra las colectividades “gallegas” o “polacas”.
Pero claro que la rigidez no solo se relaciona con la brutalidad, sino con la repetición y lo previsible. Se sabe que el hombre es el única animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y las dos veces causa gracia.
En todo caso que algo sea repetido y previsible hace que se nos presente como bruto. Que una tortuga quiera seguir su camino cuando hay una pared delante suyo, puede producirnos una reflexión filosófica, malestar o simplemente la sonrisa cómplice.
En ultima instancia, quizá, no dejemos de vernos repetidos en la repetición y lo previsible de los otros.

De todo esto se deriva que quien tiene una tortuga, en el fondo, es alguien que gusta de la rigidez y por ende, del humor.

Claudio de la Gente para Humorcomico.com

Noticias similares

Deja un comentario