Jerarquizar la politica

Robo Politico HumorComicoJerarquicemos a nuestros políticos

Una de las profesiones más desprestigiadas de las últimas décadas es la de gobernante. Si hasta hace poco se los relacionaba con semidioses ahora aparecen vinculados a ladrones y estafadores. Los prohombres actuales caen pronto en el descrédito y se les niega el acceso al Panteón de los dioses vivientes.  Y eso le duele a cualquier cristiano.
Antes, ser gobernante era tener un brillo especial, estar como libre de manchas. Ser gobernantes era como vivir en una propaganda de detergentes ¿Y qué pasó? Ahora un George Bush o un Berlusconi pierden el brillo en la primera lavada. Pero la culpa no la tienen estos pobres muchachos. La culpa es de los que somos gobernados. Le explico por qué.

Usted sabrá que el gobernante es alguien fallado. Digo, se trata de gente un poquitín enferma. Sino, dígame, ¿qué ser razonable querría gobernar la vida de todos los otros? Hay que estar un poco mal de la terraza, o sea, por lo menos a uno se le tiene que haber corrido la membrana si hace de gobernar una forma de vida.

No hay que ser una luz para saber que la vida es difícil y que a duras no nos hacemos bolsa en la primera esquina. Ahora ¿de dónde sale la creencia de que hay tipos iluminados que pueden orientarnos en el camino de la realización humana? Esto es de una simpleza de pensamiento tal que hasta yo puedo preguntármelo. No digo que tenga la respuesta, pero es obvio cuando se trata de iluminados, sale uno cada tanto, digamos cada milenio y con suerte.

Claro que de ahí a pensar que nadie nos pueda gobernar hay una distancia más grande que una calesita. Sin gobernantes esto puede ser un verdadero desorden. Por que, pensándolo, sin gobernantes, ¿Ante quien nos vamos a quejar? ¿A quién vamos a culpar por nuestras desdichas? Si seguimos por este camino, vamos a tener que hacernos cargo de muchas cosas, de muchos de nuestros errores. Y eso, querido amigo, es algo suicida.

Antes de cuestionar el prestigio de los gobernantes, habría que pensar en cuál es nuestra responsabilidad en el asunto.

Es obvio que perdimos el rumbo. Desde que se instalaron las ideas de libertad e igualdad, vamos de mal en peor. Nos hicimos fundamentalistas. Queremos gente que no existe y así nos va. Tenemos que volver a las fuentes y dejarnos engañar un poco. El gobernante siempre metió la mano en la lata, pero ahora se le reclama ética, buenas costumbres y otras rarezas. Tenemos que bajar el perfil y aceptar a quien se ofrezca.

Fíjese que nunca falta algún raro que diga de tal o cual gobernante: “no está apto para gobernar” ¿Y usted piensa que si alguien estuviese apto para gobernar, necesitaría de la represión, la masacre o la mutilación? No, mi amigo. Si alguien fuese legítimamente un gobernante, seguro que no necesita de carros hidrantes ni de chalecos antibalas. Cuestionando a esta pobre gente no hacemos más que sumarles inseguridades y por eso nos tienen que moler a palos cada tanto. Son como esos maridos que necesitan saber que la mujer no los engañan. Uno tiene que decirles siempre que sí y listo el pollo. No es muy trabajoso hacerles la fantasía, que se crean que son dioses.

Como decía, tenemos que bajar la mira y ser menos exigentes. El tema no es tanto que los gobernantes sean malos, sino que nos volvimos muy estrictos.

Gente avispada hubo siempre. Gente que se da cuenta en seguida que ningún gobernante puede ser gobernante, nunca faltó. Lo que pasa es que por esa misma gente fue que nos quedamos sin Papa Noel y sin los Reyes Magos… y a muchos nos gusta recibir regalos… y palazos.

Claudio de la Gente, para http://www.humorcomico.com

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