Diez Beneficios de una Guerra Civil III

 

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A pedido del público (una persona) continuamos con los Diez beneficios de una Guerra Civil. Como sabrán, ésta es la secuela de la secuela. Una especie de secuela al cubo. Pero ahora, agárrese, porque lo que tengo para ofrecerle no lo consigue en ningún lado.

6. Sabe cual es el beneficio más beneficioso de una Guerra Civil. Se lo digo en seguida: se soluciona el problema del transito. Pero no solo el transito. Espéreme que se lo explique.
Una virtud de la Guerra Civil es que sucede en nuestras calles. Es como en las películas de Ciencia Ficción, donde bombardean la Casa Blanca o cuando destruyen el Obelisco de Washington. Es igual pero más vívido y tiene una pizca de sabor a lo nuestro. Uno puede ver como vuelan el colegio al que asistió, como destrozan las paradas de diarios o como hacen trizas, polvo y ladrillos a la oficina donde trabaja! ¡Qué festival para el ojo!
Pero también, en un lindo bombardeo, lo que se rompen son las calles. Avenidas que recorremos todos los días pierden el asfalto, se llenan de agujeros y les aparecen cráteres enormes. Más o menos como ahora, pero más parejo. Digo, ¡toda la ciudad llena de baches! Bueno, esta bien. Tiene usted razón. Las calles quedarían como hoy día. No se lo voy a discutir.
Pero también, luego de las bombas, los morteros y los tanques, lo que estallan son los autos. Imagínese. Miles de autos, motocicletas, taxímetros y repartidores de soda menos. Andar por la calle sería un placer. Inmensas avenidas vacías, todas para uno. Usted puede parar en el medio de la calle, fumarse un cigarrillo o leer el diario y nadie le toca la bocina!
Y supóngase que, como ya no queda mucha gente y faltan los idóneos, lo nombran Gobernador o Alcalde de su ciudad. De buenas a primeras tiene acceso directo a un tortón de plata para hacer reparaciones. Y si la ciudad está destruida, usted puede bicicletear los arreglos por décadas ¡Es que hay tanto para hacer!
Y por otra parte, quién le puede reclamar por un bache. Si hay diez millones. Incluso se puede dar el lujo, con esos pozos que rompen el tren delantero, de convertirlo en Monumento Histórico Nacional, en memoria de los que no se acuerdan. Pone una plaquita de bronce, escribe cualquier garabato y listo. Pelito para la vieja.
La cuestión es darse cuenta que los baches son necesarios para el buen funcionamiento del transito y, por ende, hacen a una sociedad más saludable. Fíjese que con calles lisas, bien asfaltadas y anchas, los coches pueden ir a cualquier velocidad. Es como ir sobre una pista de patines sobre hielo ¿Sabe que pasa cuando uno se sube a los patines? No, no me responda. Seguro que pensó una barbaridad. Bueno, circular en calles arregladas es como jugar a la ruleta rusa. Uno pone la vida en riesgo a cada metro. Mejor tomarse las cosas despacio. Al final de cuentas, no hay accidentes de velocidad entre las tortugas.
¿Se dio cuenta de algo? Los baches son como las lomas de burro, pero al revés ¿Alguien se queja de las lomas de burro? Si, todo el mundo. Con los baches es igual, pero son mucho más baratos. A los baches no hay que planificarlos, no hay que convocar a empresas, no le hacen mal a la capa de ozono. Un bache nace, crece y se mantiene solito. No necesitan ni agua, ni pasto, ni nada. Se alimenta sólo de conductores y peatones.
¿Y sabe que tienen en común los baches y las lomas de burro? Ambos son opositores de la velocidad. Con un lindo agujero, tamaño laguna, obliga a todo conductor a detenerse, badear los límites del abismo y luego seguir camino. Y ese es el secreto de la salud. Andar despacio, mirar el paisaje y no amasijarse contra un semáforo. Sabe la de vidas que salvamos con unos lindos baches!
¿Se fijo lo que pasó? Al final con esto de la Guerra Civil ¡terminamos salvando vidas! Se da cuenta. Capaz, con suerte, nos terminamos ganando un Nobel de la Paz.
7. Desde que me dedico a publicitar las Guerras Civiles, mucha gente, seguramente confundida, piensa que estoy a favor de la violencia. La verdad es otra. No creo que la violencia necesite de mi opinión para prosperar. Al igual que los baches y los chinos, es lo que más abunda.
Y ya que estamos en el tema de la violencia, mi conciencia, siempre inquisidora, me pregunta ¿Cuántos serían los muertos necesarios para que esto de la Guerra Civil funcione? Es una muy buena pregunta. Tan buena que se me ocurrió solito. La verdad que se me dificulta hacer una estimación.
Supongamos que se muere una persona sola. Eso es todo un problema. Con un solo muerto ¿Se puede hablar de Guerra Civil? Me parece que no. A lo sumo sería una despedida de soltero. Pongámonos más generosos: digamos 10 muertos. Y la verdad que sigue teniendo gusto a poco. Cualquier disturbio interesante produce una decena de muertos.
¿Cien muertos? ¿Le parece que con cien muertos nos arreglamos? Cien es un lindo número, pero ya que empezamos algo, creo que lo podemos exprimir más. Además, si pasamos el límite de un muerto, saltar a diez o a cien es una cuestión de ceros, pura matemática y nada más.
Consultándolo con mis conocidos, gente poco adepta al derramamiento de sangre pero muy concienzuda a la hora de dar definiciones, me decían que, para empezar, tenemos que hablar de un millón. Ahí recién la cosa se pone movida. Con un milloncito de fiambres tenemos una linda Guerra Civil. No digo que pasemos a encabezar las listas de masacres, pero en algún libro de historia vamos a participar. Alguno llegó a decirme que lo mejor eran cien millones, pero era una calamidad. Habría que organizarse mucho, traer gente importada y hacer publicidad.
Supóngase que arreglamos en tres millones, para no ser miserables. Ahora surge otro tema ¿En cuanto tiempo? Si se nos mueren tres millones de personas en 10 años no salimos ni en los diarios. Países menos mentalizados que el nuestro se sacuden a cinco o seis millones en menos tiempo.
Esto hay que pensarlo bien. Creo, haciendo un estimativo, medio de ojito, que tendría que ser una Guerra Civil relámpago. Rápida y limpia. Pongámosle una semana. Claro que sin domingo, porque es para descansar. Es más, si se pudiera pedir, se me ocurre que tendríamos que bajarnos al primer milloncito en un día. Usted me preguntará porque no todos el mismo día. Yo le responderé: porque tampoco hay que hacer las cosas a las apresuradas. En un día no se pueden cometer tantos crímenes. Si no, a la semana siguiente va tener que organizar otra Guerra Civil, para emparchar nomás.
Lo que tiene de bueno esto de la masacre masiva en un día es que luego, esa fecha, puede quedar como feriado. Si usted la distribuye en muchos años, se pierde la magia y vamos a empezar a discutir cuando mandamos el feriado. Incluso, si nos cargamos a los tres millones en una semana, podemos pensar en tener una semana de turismo. Se imagina, una semanita sin trabajar. Y ya sabemos lo bueno que es el turismo para la economía del país.
Ese es otro beneficio que a usted ni se le había ocurrido.

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