Diez Beneficios de una Guerra Civil II

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Diez Beneficios de una Guerra Civil II

Bueno, si está leyendo esto, es porque leyó la primera parte acerca de los 10 beneficios de una Guerra Civil. La otra opción es que no los haya leído y haya pasado directamente a leer la continuación.
Dicen que las segundas partes nunca son buenas. No imagino que dirán de las terceras partes o de las cuartas.
Y, se me ocurre, qué dado que estamos hablando de una Guerra Civil, viene bien la secuela, porque cuando hay guerra, hay secuelas.
Bueno basta de preámbulos, que para eso tenemos la constitución y pasemos al cuarto tip.

4. Habrá usted notado que la indumentaria militar guarda su encanto. Tiene brillos, hombreras y es colorida. Claro que no se trata solamente de las telas o los tonos sugerentes de las prendas. Es el diseño en general lo que sorprende y seduce.
De hecho, cualquier rellenito, metido en un uniforme, parece más ancho de hombros, más alto, más interesante.
El uniforme militar produce en cualquier hijo de vecino un aspecto poderoso, magnánimo, una especie de monumento viviente a la potencia viril. Con uniforme, a uno lo tratan de usted, le hacen la venia y le dan bien el vuelto en los negocios.
Y hemos llegado a una revelación oculta por milenios. He aquí uno de los secretos mejor guardado por los ejércitos del mundo ¿Por qué piensa usted que la gente se alista en el ejército? ¿Por la defensa de la nación? ¿Por la protección de los ideales de libertad, patria y justicia? No, mi queridísimo y amado amigo. La gente se alista en el ejército por la ropa. Porque con el uniforme viene el respeto y los descuentos en las primeras marcas.
¿Quiere que le explique con un ejemplo? Supóngase que le vienen a cobrar las expensas del departamento y usted está de pantalón pijama y camiseta musculosa. En instantes, sus vecinos se han enterado que usted es alguien de costumbres dudosas. A partir de entonces le niegan el saludo, lo tratan de vago y se convierte en la comidilla del barrio.
Ahora, cámbiese el atuendo y ajústese en un traje de comando. Ahí todo cambia: el cobrador le propone pasar en otro momento, le sugiere descuentos y le habla de una sobrina, medio fácil, que anda sola y necesitada de afecto.
Y ya que hablamos de sobrinas ¿Y con las señoritas? ¿Sabe lo que pasa con las señoritas? Es muy conocido el valor que tienen los uniformes para las mujeres. Para ellas actúa como el Geniol en la Coca Cola o como una dosis de Burundanga. Si a usted lo ignoraban, lo basureaban o le arrojaban alimentos en descomposición, su mundo cambiará por completo. Con uniforme usted se transforma en una persona interesante, en alguien enigmático y valeroso. Al tipo en uniforme, le piden la hora y que les abra el frasco nuevo de mayonesa. Los efectos del uniforme en la mujer son variados, insospechados y poco estudiados.
Van desde la provocación de risitas inmotivadas, pasando por la relajación de las articulaciones y hasta el recitado del “Martín Fiero” en arameo.
En una guerra civil, usted que siempre fue un rechazado de la sociedad de consumo, de las mujeres y de los perros callejeros, se transforma en una pieza fundamental para el mantenimiento del mundo libre y de la raza humana. Su agenda de contactos se completará de inmediato y no le faltaran los “contactos”.

Y de última, si nada de lo anterior sucede, usted, como está de guerra, puede permitirse cualquier abuso, cualquier secuestro o lo que le venga en gana. Entonces, usted o es irresistible o es irresistible. Recuerde que en una guerra civil el crimen no cuenta y la responsabilidad se descuenta.

La verdad es que no se entiende como a los genios de la venta directa, esos de los infomerciales, a esos del Reduce Fart Fast o el Letal Abdominazor, no se les haya ocurrido vender uniformes de brigada. Tendrían que hacerlo. O es más. Cuando termine nuestra anhelada Guerra Civil, tendríamos que venderlos nosotros mismos, con fotos del “Antes” y el “Después”, contando nuestras experiencias y de cómo se mejoró nuestra gris vida. Ahí si que no nos para nadie y reíte de Bill Gates, mientras yo me río de Janeiro.
En resumen, la guerra civil puede convertirnos en objetos de culto, apto para el consumo de mujeres, animales y ancianos y en millonarios.
¿Qué más quiere? ¿Un pote de salsa de 4 quesos?

5. ¿Sabe cuál es una fuente de riqueza para una nación? No se complique con una respuesta. Se lo digo directamente: el turismo.
¿Sabe que buscan los turistas, mayormente? Se lo digo también: las ruinas.
Cuando a las personas les preguntan que lugares querrían conocer, dicen: Jerusalén, Las pirámides de Egipto, el Partenón de Atenas o El Coliseo de Roma. Si lo piensa un poco, se trata siempre de juntaderos de piedra.
Y fíjese que cuando funcionaban, por ejemplo El Coliseo o Las Pirámides, nadie quería ir a visitarlos. Los libros de historia dicen que los cristianos nunca querían visitar el Coliseo y que el pueblo hebreo llegó a desatar 10 plagas con tal de irse de Egipto, y hasta tuvieron que abrir el Mar Rojo. Sino el Faraón todavía los tenía ahí, mirando las pirámides y cuidándole la cucha a la Esfinge.
Ahora bien, basta que esas construcciones se vengan abajo, para que de pronto todos quieran visitarlas y que se vuelvan un tesoro de la humanidad ¿Se da cuenta lo que atesora la humanidad? ¿O no?
Y eso no cambia con las ruinas más actuales. Los otros días un conocido mío volvió de su viaje por el Japón y sacó unas 367 fotos (es lo que permiten las cámaras digitales) a un edificio que soportó la bomba de Hiroshima. Y piense que se trata de una ruina bastante nueva. Ahora si ese mismo edificio estaba hoy día en pie sin que los norteamericanos hubiesen tirado la bomba ¿Cuántas fotos le sacaba? Seguro que 1 y de compromiso porque el guía turístico lo exigía.
Bueno, se preguntará a dónde voy con todo esto. Ahora le cuento. Luego de una buena Guerra Civil lo que queda es un montonazo de ruinas. Vea algún documental de Berlín luego de la Segunda Guerra Mundial. A quedar así debe aspirar una ciudad que viva una guerra civil, porque ese es el negocio del siglo. A los alemanes se les escapó la tortuga reconstruyendo Berlín. Pero aprendieron. Con el tema del Muro fueron más rápidos y todavía hay tramos venidos a menos para visitar y para facturar.
Y sabe que pasa con las ruinas. Se las visitan todos los japoneses del mundo! ¿Usted sabe cuántos japoneses hay? y a donde van los japoneses, van los alemanes, los holandeses, los americanos y los chinos.
Siendo chico me llevaron a Misiones, una provincia en Argentina, que se llama así porque ahí había misiones de los jesuitas. Ahí los curas hicieron todas ciudades en poquito tiempo, porque tenían mano de obra barata. Edificaron unas ciudades amplias, con portones altos e iglesias y todo lo que les gusta a los curas. Ahora esas construcciones son todas piedras encimadas y no hay ni un jesuita que venda artesanías. Pero no importa. Estuvimos como 2 horas haciendo cola para llegar a verlas. Y adelante eran todos japoneses, jeringozos y tartamudos, todos con cámara de fotos y bermudas.
¿Me va entendiendo? Con las ruinas que nos queden, ¡¡¡Nos llenamos de oro!!! No vamos a dar a basto con el turismo y no nos van a alcanzar las manos para juntar los dólares que nos van a dejar. Que el país queda hecho un basural no se lo niego, pero con la guita que juntemos, que nos importa! Después nos mudamos a Suiza o cobramos algún subsidio en Suecia.

¿Me sigue con los beneficios que produce una guerra civil? Bueno, si me sigue, va a tener que seguir siguiéndome. Porque siguiéndome los voy a llevar a la fortuna.
Le digo que nos faltan cinco tips, los que pronto le voy a seguir presentando. Y mientras tanto, cómprese una pomada de zapatos y píntese la cara de color esperanza.

Claudio de la Gente para humorcomico.com

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2 comentarios para “Diez Beneficios de una Guerra Civil II”

  • Lynchada:

    El punto 5 (me niego a decir tip, ¿qué carajo es un tip?, me suena a reloj con un soplo en el sistema) es de lo más interesante. Pero primero lo primero: gracias a los talentosísimos documentales estadounidenses que ya empiezan a ser costumbre, sabemos que en la tierra que ha monopolizado (entre otras cosas) el nombre de América, el asunto de la molotov no parece tan complicado. Basta abrir una cuenta en el Banco y uno ya puede disponer -con toda libertad- del calibre más grueso que haya podido anhelar. El paso siguiente sería convencer a cualquier director de Universidad (esas que siempre están fabricando experimentos para estadísticas) con alguna golosina, no sé, un dossier siempre luce, sobre todo por el acento francés, signo inequívoco de distinción. Y si no basta con verlo a Sarkozy, qué elegante queda al lado de Carla Bruni. Pero decía que en una de estas Univers(al)idades, no sé, pongamos por decir algo la de Mazza Chucets (parece que la ex modelo y actual columnista de la revista Viva era bígama, con esa cara de mosca agónica y todo) podría tranquilamente iniciarse el epicentro de la guerra para finalmente devolverle algo de historia al tan querido pueblo americano que vaya uno a saber por qué se ha quedado sin esos montones de piedras (hay que ver qué malas intenciones tienen estos arquitectos que insisten en recomponer las torres). Conste que a Georgito la idea le rondaba la cabeza e hizo temerarios experimentos que le han valido el agradecimiento público del carismático Obama. Ellos siempre andan con ganas de invertir (en) buenos proyectos.
    Puede ser una revolución. Guerra civil en la América del norte, qué delicia.

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