Bruno Bozzetto en Cavallette o GrassHopper o la esperanza

Bruno Bozzetto, cuando el humor se acerca al absurdo

El humor se expresa en la palabra y también en la imagen. Muchas veces palabra e imagen se conjugan para lograr el efecto cómico. En otras la imagen se independiza de la palabra, aunque no por ello la hace ausente.
Bruno Bozzetto, con un apellido que recuerda al dibujo, es uno de los más grandes creadores de animaciones, en las que el humor es la cuota fundamental. Nacido en 1938, debuta, artísticamente, es decir, con la animación, en 1958. Ese corto de debút, que no fue un corto debút, se llamó “Tapum! La historia de las armas” y le valió el reconocimiento de la prensa especializada, especializada en la crítica.
Años más tarde crea un personaje, Mr. Rossi, el cual protagoniza muchas de sus obras en animación.
En 1991 logra una nominación al Oscar con su cortometraje animado “GrassHopper”, el mismo que les traemos arriba de estas líneas.
Esta animación, de las que se veían el programa de Argentina “Caloi en su tinta”, es una especie de historia de la violencia. Aunque es un tipo de violencia particular, la que se ejerce sobre el otro. y esa no deja de ser una dificultad para el humorista.
Si bien siempre el humor es contra alguien, para muchos la habilidad del cómico está en tomarse por objeto de sus reflexiones, como sería el caso de Woody Allen. El tomar a otro por objeto, común en los chistes de colectividades o de géneros, nos deja siempre en el límite de la violencia por la violencia misma y se necesita de cierta maestría para mantenerse en el terreno del humor. Y esto es algo que Bruno Bozzetto maneja a la perfección.
En “Cavallette” veremos que, por lo general, aquello que motiva la violencia es algo referido al ideal, en particular las creencias. Quizá por esto mismo, el corto nos recuerda al teatro del absurdo, donde los ideales son siempre cuestionados y revelados en su carácter caprichoso y convencional. También está presente una visión pesimista acerca del hombre, otro tópico del absurdo.
El teatro del absurdo, justamente, ha intentado demostrar que hombre se encuentra sometido a infinidad de angustias existenciales y que si se aferra a una certidumbre, como pueden ser las creencias o los ideales, es por temor. En el absurdo se mostrará, comúnmente, que las creencias no tienen otro asidero que el capricho. Y es esa búsqueda de certezas, de cosas claras, lo que lleva al hombre a enfrentarse hasta a la muerte misma, con tal de sostener su verdad, aquello que lo protege contra la angustia. Es claro que creer en un cielo o un infierno es mucho más relajante que la reflexión acerca del vacío (sin fritas) y la nada. Entonces, porque privarse de una Cruzada, sostenida en un buen ideal y que, de paso, permite liberar algo de violencia y que además, a modo de oferta, permite abandonar por un rato a la esposa y ese mundo inexplicable que es el de convivir con mujeres.
Otro hallazgo del cortometraje animado en cuestión es que, además, nos muestra que la naturaleza siempre triunfa, lo cual puede ser un mensaje para los defensores del ecologismo. Claro que la naturaleza triunfa por encima del hombre. No por nada cada segmento del corto termina con la muerte y la desaparición de los participantes. Ahora, que la naturaleza triunfe sobre el hombre hace creer que el hombre está por fuera de la naturaleza, lo que es una paradoja, dado que estar por fuera de la naturaleza es la naturaleza del hombre.
Además, que las fuerzas de la naturaleza siempre triunfan es algo que bien saben los dinosaurios. Porque no hay cristiano o tonelaje de carne que se mantenga en pie cuando un meteorito, en estado de naturaleza, arrasa con la potente vida en la tierra.
Porque, al fin de cuentas, hay que ser un poquitín necio para creer en la trascendencia del hombre, en su carácter inmanente, cuando una inundación o terremoto o lo que sea viene a barrer con ese parásito que somos los habitantes de este planeta. Pero entonces, si en el fondo somos tan parásitos, lo mejor será creerse que somos los elegidos, los hechos a la imagen y semejanza de Dios, o cualquier sarta de simplezas.
Claro, hay otras opciones, como son la angustia o el vano intento de trascender como símbolo.

Claudio de la Gente para Humorcomico.com

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