A pagar mas y quejarse menos texto de humor

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No voy a decir ninguna verdad: a la gente le gusta quejarse. Cada vez que hay suba en los impuestos o los servicios, la gente demanda, despotrica y se araña la cara. Claro que si es por quejarse, motivos hay de sobra. Fíjese que siempre hay algo para reclamar. Piense en las mujeres, por ejemplo. De las 789 comunicaciones promedio diarias que realiza una mujer, 772 son quejas, siendo unas 761 dirigidas, directa o indirectamente, a sus esposos o parejas.
Y los hombres no se quedan atrás. De las 18 comunicaciones promedio diarias realizadas por el hombre, sean mudas, gestuales o sonorizadas, 11 son quejas. De éstas 11, 2 son dirigidas hacia su pareja, 3 hacia su superior y el resto contra el gobierno.
Y esto es así, permítame que le explique, porque el gobierno es, para el hombre, una especie de esposo. Si no me cree piense en el contenido de los reclamos y verá que son calcados de los que hacen las esposas: nunca se acuerdan de uno, siempre prefieren a otro y nos mantienen en la peor de las miserias.
En esto hay un fundamento histórico. Julio César, que no era un estilista romano sino un estadista romano, decía: “Soy el esposo de todas las romanas y la esposa de todos los romanos”. Más claro, échele agua. Se entiende, en la expresión, que el Julio Cesar sabía bien cual era la función del gobernante y que él tenía estómago para la función. Sin embargo, como suele suceder con la gente que dice lo que piensa, no duró mucho en el gobierno, ya que pronto lo enviaron a la inmortalidad con algunos tajos de más.
Hay otro ejemplo histórico ¿Usted sabe qué es el derecho de pernada o de prima nocte? Se cuenta que, hace siglos, cuando uno se casaba el gobernante de turno tenía derecho a acostarse con la recién casada en su primera noche. Hoy las cosas cambiaron y son más democráticas. El gobernante no tiene derecho a acostarse con la recién casada en la primera noche. No. Tiene derecho a acostarse con ella, con el novio, con los padrinos y con los mariachis que animan la fiesta. Y este derecho no se limita a una noche, sino que es de por vida. O al menos esa es la sensación.
Pero más allá de la verdadera relación entre los hombres y sus gobernantes, el tema de las quejas hay que estudiarlo en detalle.
Entonces, si usamos la científica y pensamos un poco, comprendemos que muchas de las quejas son infundadas. Cuando uno elige a un representante quiere ser bien representado. No vamos a hacernos representar por un chueco o un pelado. No, mí estimado amigo. Uno quiere ser representado y gobernado por gente que sepa como se vive. Y eso cuesta.
Por ejemplo, usted no pretenderá que su gobernante se alimente con choripanes. Ese señor tiene que tener una salud de hierro y eso no se gana comiendo porquerías. Hay que alimentarlos con delicadezas, con sushi y caviar. Y el que come caviar no puede andar vestido de operario ¿En dónde le sirven sushi si va vestido de destapador de cloacas? En ningún lado. No, mi amigo. El gobernante tiene que estar bien vestido, con trajes hechos a medida, a medida que los pagamos todos, y con telas importadas. Porque usted sabrá que lo importado es siempre mejor. Inclusive, si usted piensa que es mejor lo de su país, le convendría exportarlo a un país exótico y luego importarlo desde allá.
Y tampoco pretenderá que ese señor viaje como ganado o como viaja usted, en el transporte público. No. El tiene que desplazarse en limusinas, en autos de última generación y de gran confort. No vaya a ser que por andar viajando en monopatín llegue tarde a la reunión con el embajador de Togo o que deba llevar a algún diplomático o alguna funcionaria a la casa y haya huelga de subte.
El tema es que las quejas, mayormente, son meramente deportivas y tienen como finalidad mantener ejercitado el habla y al cardiólogo.
Al final de cuentas, somos como los niños: lo único que pretendemos es llamar la atención y evitar el abuso de nuestros mayores.

Claudio de la Gente para Humorcomico.com

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